El Carbón

En el siglo XIX, la sociedad cambió de forma radical con la Revolución Industrial. El carbón, un combustible fósil, proporcionó la energía necesaria para mover las máquinas que convertirían al frágil mono desnudo en un titán. La Naturaleza, por fín, tenía un adversario que plantaba cara a sus implacables leyes. Con las nuevas herramientas podíamos modelar los escenarios de la vida a nuestra voluntad y dejar de ser frágiles. Después, el curso de los acontecimientos nos ha mostrado lo equivocados que estábamos y las consecuencias ambientales tan terribles de la industrialización. 

La historia empezó hace 359 millones de años, en la Era Paleozoica. En ese periodo biogeológico, la vegetación dominante en tierra firme eran peculiares bosques muy diferentes de los actuales, poblados por gigantes insectos y otras bizarras criaturas ya desaparecidas. Todavía no existían las plantas con semillas y las especies arbóreas dominantes eran gigantescos helechos y sus parientes Calamites, Lepidodendron y Sigilaria, cuyos descendientes actuales son bastantes más pequeños y escasos.

Cuando estas plantas cumplían su ciclo vital y morían, sus restos, como también ocurre en la actualidad, se descomponen por efecto de microorganismos. Si la hojarasca y los troncos caían en lagos, pantanos o deltas fluviales, la descomposición se producía en ausencia de oxígeno, por bacterias llamadas anaerobias, dando como resultado sedimentos fangosos con características químicas peculiares.

Estos fangos se acumulaban en el fondo y la presión de nuevos aportes de materiales sedimentarios, arcillas o arenas, y unos cuantos millones de años hicieron el resto. La celulosa y la lignina, esqueletos de los vegetales, se enriquecieron en carbono y se convirtieron en fósiles pétreos.

El carbón mineral está compuesto básicamente por carbono, pero también presenta hidrógeno, azufre, oxígeno y nitrógeno. Según su proporción de carbono, que aumenta con el tiempo, se les clasificó con diversos nombres: Turba, Lignito, Hulla, Antracita y Grafito. Este último es 100% carbono, las minas de los lápices están construidos de este material, pero si dejamos pasar el tiempo, la profundidad y el calor terrestres lo convertirán en diamante.

 

Cierto, que si le dices a alguien que la hermosa joya que adorna su dedo es un helecho descompuesto, apretado y recalentado, te toman por gilipollas. 

En la actualidad las mayores reservas de carbón se encuentran en USA y China, que además son los países que más contribuyen al cambio climático. 

Además de su empleo para obtener energía eléctrica, también se usa en altos hornos y siderurgia, en la fabricación de cemento y ladrillo, en industrias químicas, obtención sintética de petroleo y en calefacción doméstica, esto último, sobre todo en China. Además, de las 100 ciudades más contaminadas del mundo, 99 están en dicho país. Un aplauso para la futura primera potencia mundial. Los expertos calculan que a este ritmo de consumo las reservas mundiales de este recurso se agotarán en 150 años.

Con suerte, si para entonces no nos hemos asado gracias al efecto invernadero, algún humano lo verá.

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