La Antártida, el Continente Misterioso 

Al otro lado del mundo, lejos de todas partes, sumido en el sueño de los hielos perpetuos, está el misterioso y desconocido continente que rodea el Polo Sur. Avistado, a lo lejos, en el siglo XIX por el intrépido Capitán Cook, hasta muchos años después, ya entrado el siglo XX, el hombre no puso el pié en él. Terra Incognita, estímuló la imaginación de los corazones aventureros que soñaron con esta última frontera. Allan Poe, en su novela Aventuras de Arthur Gordon Pym, fue el pionero que hoyó con sus palabras el lejano confín. No tardó en seguirle Julio Verne, que continuó la narración donde el maestró la dejó, en La Esfinge de los hielos. Una vez la humanidad llegó físicamente a las agrestes costas del lugar, H. P. Lovecraft fue más lejos y voló sobre las cumbres blancas En las montañas de la locura, donde le esperaban sus criaturas de pesadilla. 
La Antártida es un continente dos veces más grande que Australia y la región más montañosa del mundo, sepultada en una masa de hielo de casi dos kilómetros de espesor que si se licuara subiría 60 metros el nivel del mar, sumergiendo la mitad de las tierras firmes. Allí, el frío puede llegar casi a los 90°C bajo cero y las precipitaciones son inferiores a 20 mm anuales, lo que lo convierten en el desierto más extremo y de más reseca atmósfera, con permiso del infernal desierto persa de Lut.
Pero no siempre este continente estuvo en el Polo Sur, antes que la deriva de los continentes lo marginara al lugar donde ahora está, disfrutaba de un clima subtropical. Tuvo bosques carboníferos, de gigantescos helechos y más tarde una rica fauna de marsupiales, hasta que derivó hacia el Sur. En la actualidad, la flora que lo coloniza es mayoritariamente formada por algas microscópicas y los escasos parajes donde aflora el suelo, la vegetación es semejante a la tundra ártica, dominada por musgos y líquenes. La microfauna está constituida por ácaros, nematodos y los casi inmortales tardígrados. 

Los animales grandes son los pingüinos, otras aves marinas y pinnipedos (focas y familiares). Las aguas son abudantes en el crustáceo krill, alimento de cetáceos, que emigran todos los años para saciar sus hambrientos estómagos. 

La presencia humana es poco abundante, a lo sumo un centenar de personas viven todo el año en las bases científicas, siempre cerca de mar, la zona menos hostil, sin embargo, en ciertas épocas del año, entre científicos y turistas la cantidad puede llegar a 5000. Pero allá donde va la humanidad le acompañan sus basuras. En las aguas adyacentes a las zonas pobladas se han encontrado abundantes plásticos flotantes y restos de cafeína, anfetamina y cocaína, más propios de una gran ciudad que del culo del mundo.

El interés científico del lugar es evidente, el conocimiento de la Antártida puede llenar muchas lagunas sobre la historia del planeta y la presencia del agujero en la capa de ozono, siempre creciente a causa de la incontrolada emisión de gases nocivos a la atmósfera, nos puede adelantar cual sería el demoledor efecto de la radiación ultravioleta y cósmica sobre los ecosistemas terrestres.

Pese a los tratados internacionales sobre las actividades permitidas en tan lejanos parajes, como la prohibición de usos militares o mineros, pruebas nucleares o almacenamiento de residuos radiactivos, la codicia humana ha dado lugar al reparto de las tierras, como el que distribuye trozos de pizza entre ciertos países, Noruega, Chile, USA, Rusia… y así hasta 38. Los gruesos hielos antárticos guardan yacimientos de carbón, petróleo, oro, uranio…

El calentamiento global, con el que sueñan los estúpidos propietarios para acceder a las ocultas riquezas, es claramente perceptible, no sólo por las minuciosas medidas y estadísticas, sino por el desprendimiento y posterior deriva hacia el norte de enormes campos de hielo que alcanzan sin dificultad las costas meridionales de Australia, América y África, provocando multitud de accidentes navales y una alarma planetaria más que justificada.

Científicos y militantes ecologistas consideran la Antártida como uno de los puntos sensibles del planeta, ya sea como indicador del estado de la Naturaleza y como tesoro a preservar de la humanización. Todos deberíamos unirnos a la causa.

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