Una jornada Neandertal

El sol iluminó la cara de uno de ellos y lo despertó en el refugio, una cueva orientada al sur. Pegados a él, reposan una hembra y dos niños de corta edad, hijos de su compañera, quizás también de él, pero ese detalle no importa, en su tribu, los hijos de tu compañera son los tuyos. Otra cosa diferente es con quién copulas en tus momentos de necesidad. Para esta cultura, el embarazo es un regalo de la Diosa Luna. No saben el significado de “paternidad”.

La cueva alberga a otras unidades familiares, a jóvenes solteros y a ancianos viudos de ambos sexos. El único que nunca se empareja es el chamán, el más viejo de todos con 39 otoños, que duerme en su propia cueva. 

Al poco tiempo todo el mundo se levanta.

Las mujeres, algunas con niños lactantes en sus brazos, son las primeras en salir al exterior, hace un poco de frío y no importa, las pieles les protejen bien. Llevan cestas tejidas de fibra vegetal, algunas herramientas afiladas de silex y las más fuertes, lanzas de madera con las puntas afiladas y endurecidas al fuego. Les espera una jornada de recolección de raíces y bayas, quizás, con suerte, encuentren huevos o algún pequeño animal.
Los hombres, antes de partir en un viaje de varios días, ponen a punto sus  lanzas y puñales, de filos y extremos de sílex, pero de mangos y palos de madera, unidos por cordones de cuero y tendones, de los que también hacen acopio. Saben que hay bisontes en el valle y saldrán en su busca cuando venga el chamán a realizar los ritos propiciatorios ante el Dios Sol.

Los niños quedarán a cargo de los ancianos y pasarán el día aprendiendo a trenzar, a afilar palos y piedras, y como no, jugando. 
Los cazadores beben agua del río cercano para hidratarse bien antes de la lucha y las persecuciones. Les espera un peligroso viaje, sin embargo no sienten miedo. Esa sensación debilita y no pueden permitirse ciertos lujos. A mediodía avistan una gran hembra de bisonte separada de la manada, pastando tranquilamente. Los predadores avanzan hacia ella arrastrándose en el suelo, camuflados por la alta hierba y en dirección contraria al viento, para no espantar a la pieza. De forma imprevista, el viento cambia y los acechadores son descubiertos. El animal emprende la huida y es perseguido por los hombres.

La suerte favoreció a los cazadores y el gigante, en su desbocado trote, se despeñó por un acantilado, ahorrandoles fatigas, lesiones y quizá alguna muerte.
Los hombres le seccionaron la cabeza, que será para el chamán y la usará para fabricar objetos de poder y alimentos mágicos. Después, utilizando los filos de las armas, le extrajeron la piel y cortaron la carne en pedazos transportables. Al añochecer, aparecieron en la cueva con sus tesoros y se organizó un alegre alboroto de recibimiento, no se les esperaba tan pronto y menos, sanos y a salvo. 

Las mujeres también habían tenido un buen día. Los canastos llegaron llenos de arándanos, huevos, raices y trozos de carne fresca. Tuvieron un encuentro con cazadores de la tribu del lago y algunas copularon con ellos e intercambiaron regalos, los hombres les dieron carne de ciervo y ellas les respondieron con bayas.

Los niños pasaron la mayor parte de la jornada con el chamán, que los condujo donde crecen los sauces y les enseñó a elaborar una poderosa medicina con las cortezas de estos árboles.

Las ancianas y ancianos dedicaron las horas de sol para curtir pieles, trenzar cestas, pulir piedras y mantener el fuego.

Por la noche todos comían alrededor de las hogueras que encendieron a la entrada de la cueva y habían servido para cocinar la carne. Tras el banquete, mientras unos hacían música con flautas de hueso y troncos de árbol, los otros bailaban y cantaban. El chamán, inmóvil y de pie, exhibía una nueva máscara de bisonte y cuando la algarabía bajaba de volumen, se le oía recitar alabanzas a la generosidad de los Dioses Astros.

Conforme el cansancio les vencía se adentraban en la cueva y se tumbaban a dormir en el sitio acostumbrado y los acompañantes de siempre, la noche será larga y fria. Al día siguiente, necesitarán estar fuertes y atentos, uno de los exploradores de la expedición de caza ha divisado un pueblo de gentes altas y de oscuro cabello cruzando el valle regalado por los dioses a las tribus de cabellos pelirrojos. Si deciden quedarse, habrá guerra.

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